Desde hace unos años, existe un hartazgo generalizado y un profundo descreimiento, hacia dirigentes de distintos partidos políticos en la República Argentina.

En campaña electoral, hacen un sinnúmero de promesas a todos los sectores (los más vulnerables, los trabajadores y los jubilados), pero una vez en el poder, hay quienes no solo incumplen aquellos compromisos asumidos, sino que además, hay quienes toman decisiones abiertamente en contra de algunos o de varios de estos sectores mencionados.

Tomemos el ejemplo del gobierno nacional, estos últimos cuatro años.

Prometieron pobreza cero, y por el contrario, aumentaron el número de pobres a valores realmente escandalosos. Un claro ejemplo de ello, es lo que sucede con los niños argentinos, que viven en un país al que le dicen el granero del mundo, y sin embargo que tienen. Esto no solo es inaceptable, sino que demuestra el fracaso de la dirigencia política para con la niñez.

Prometieron bajar la inflación, y por el contrario, la aumentaron tanto que llegaron a tener una inflación de más del doble de la que tuvo el gobierno anterior.

Prometieron que a los trabajadores se les iba a eliminar el impuesto a las ganancias, y por el contrario, hoy se ha duplicado la cantidad de trabajadores que pagan este tributo nefasto, confiscatorio, regresivo y de corte neoliberal. Los trabajadores argentinos pagan impuesto por trabajar… Hay que decir con absoluta contundencia, QUE EL SALARIO NO ES GANANCIA. ¿Acaso trabajar dejó de ser un derecho, para pasar a ser un castigo al tener que pagar un tributo por ello?

Prometieron a los jubilados que no les iban a sacar nada, y por el contrario, a través de la reforma jubilatoria, ajustaron los haberes de los mismos (colocando a quienes cobran la mínima, en situación de indigencia y en riesgo de vida); les quitaron los medicamentos gratis, entre otras cosas más.

Prometieron que no iban a devaluar, y por el contrario, devaluaron tanto la moneda nacional, que muchos argentinos salieron a comprar dólares frente a una moneda que cada vez vale menos, producto de medidas económicas que se vienen aplicando a favor de los mercados y de los especuladores, pero en desmedro de todo el pueblo.

Prometieron que no iban a volver al Fondo Monetario Internacional, y por el contrario no solo volvieron al F.M.I., sino que en la práctica, este organismo internacional de crédito, es quien digita las medidas de ajuste económico que se toman. Ante esto, hay quienes sentimos, que se encuentra en claramente en riesgo nuestra soberanía económica como Nación. No obstante todo esto, se continuó tomando deuda (la que no pasó, ni se discutió en el Congreso Nacional), de forma irresponsable y por elevadísimos montos, que deberán ser pagados por parte de varias generaciones de argentinos (hipotecando así nuestro futuro).

Prometieron defender la institucionalidad, y por el contrario, se han observado casos de intromisión en la decisión de otro poder (por ejemplo, en caso de algunos fallos judiciales adversos a los intereses del gobierno).

La clase política argentina (especialmente quienes se desempeñan en cargos legislativos y ejecutivos), deben recordar que no son dueños o propietarios de esos cargos, y que no son dueños de nuestra vida (ni de nuestros sueños). Son meros representantes transitorios de cada uno de nosotros. Son servidores públicos, que se deben siempre al pueblo que representan. A través de sus acciones, deben siempre optimizar nuestra calidad de vida, respetar nuestros derechos, y trabajar para dejar un país mejor para el futuro.

La ciudadanía, debe comenzar a exigirles (con mayor participación y compromiso), que quienes los representan cumplan su palabra, que legislen y que gobiernen a favor de los intereses del pueblo argentino, y nunca en su contra; pues en la inmensa mayoría de los casos, quienes asumen esos cargos al momento de jurar, dicen la siguiente frase: “…Si así no lo hiciera, que Dios y la Patria me lo demanden…”.

Columna de opinión a cargo de Carlos Emanuel Cafure-Abogado Laboralista